domingo, 13 de mayo de 2018

La chica del vestido negro


10 de Mayo

   - ¿Te ha pasado que ves una persona en la calle, pero nunca puedes mirarle la cara? Pasas en la micro o en tu auto, o incluso caminando, alguien que ves solo de espaldas y que por curiosidad quieres ver su cara, sin embargo no hay forma de hacerlo. Cuando le pasas, esa persona se da una vuelta, o se agacha y su pelo esconde su rostro, o cruza, o quizás dobla en la esquina. >
-         - No sé, la verdad nunca me había fijado en eso.
-         - Hoy me sucedió, de hecho me pasa siempre y creo que es siempre la misma mujer. Es una chica de un pelo negro, profundo, brilla cada vez que se mueve y siento que podría ver estrellas entremedio.
-         - ¿Y cómo sabes que es la misma, si nunca has visto su cara?
-       - Una persona es mucho más que una cara, como te dije, su pelo es muy peculiar. Su forma de vestir, siempre con algo negro, jugando y combinando con su cabello. Estoy seguro que sabe el extraño efecto que tiene.
-           - Pareces más obsesionado con su pelo que con ella en sí.
-          - No me has dejado terminar. Es como camina, es como se mueve. No es sexy, o sea, no en el sentido convencional. Para mí lo es. Es ensimismado, lento, reflexivo, contemplativo. Es como si cada paso que diera, lo planeara con anticipación, con cierta inseguridad, como si algo en la vida la quisiera sorprender.
-            - No entiendo cómo puedes lograr observar todo eso por una espalda.
-        - Hay días en que usa un vestido negro, junto con una chaqueta de cuero y pantis verdes, con unos botines largos…
-             - Básicamente me estás describiendo a Daria.
-         - ¿Quién? No. No seas idiota, no tiene ese aire de artista adolescente pseudo intelectual. Es más bien un dejo de desinterés por la humanidad, de tristeza con profundidad.
-              - ¿Cómo podrías saber que está triste si no ves sus expresiones faciales?
-          El cuerpo comunica también. Caminar lento, movimientos perdidos, brazos a los lados y muertos, el cigarro de marihuana en su mano y el cubrirme con el olor del humo cuando camino detrás de ella.
-               - Suenas como un acosador.
-           - No lo soy, caminamos hacia el mismo lado por alrededor de dos cuadras, ella después sigue su camino, yo el mío, no le he hablado, no le he gritado, no la he seguido. Sólo coinciden nuestros caminos y siempre, siempre soy yo el que va detrás.
-               - ¿Has intentado salir más temprano?
-          - Lo he intentado todo la verdad, nada resulta. Siempre logra superarme el paso, siempre logra estar delante, evitando poder ver su rostro.
-                - ¿Y si la saludas solamente un día?
-                - ¿Y qué le digo? ¿”Oye, te he visto por aquí todos los días y quiero hablar”?
-                - No es mala idea. No suena tan terrible.
-                - Suena a que soy un acosador y un creepy.
-                - Eres algo creepy.
-                - Filo, mañana le hablaré.

11 de Mayo

-                - ¿Y, le hablaste?
-                - …No
-                - Me lo imaginé.
-              - Me quedé hipnotizado con ella hoy. Iba caminando cerca, quizás a unos diez metros. Aceleré mi paso y logré llegar cerca. Sentí de cerca su aroma, ligeramente cítrico, con una mezcla de flores. También sentí el olor de su ropa limpia y cuando movía su pelo el aroma de su shampoo invadía el aire alrededor, me erizó los pelos de la nuca y quedé inmovilizado. Sentí que al sentir todos esos aromas tan cerca, invadía su espacio vital, alenté mi paso y la dejé seguir caminando.
Segundos después, desde una casa, apareció un pequeño gato, delgado, ágil. Era blanco con negro y se movía delicadamente hacia ella, con su cola levantada y a paso lento, buscando cariño. Ella se movió a su dirección, girando su cuerpo hacia la reja de la casa. Se agachó doblando sus rodillas y acercando sus manos al gato. Su pelo cubrió su rostro al momento de hacerlo y yo debía seguir caminando, no podía parar sin parecer un idiota o quizás un pervertido. Sin embargo, algo saqué de ahí, pude escuchar como llamaba al gato. Por primera vez escuché su voz. Suave, dulce y calmada. Sentía como si me estuviera llamando también. Su voz me hizo sentir unas terribles ganas de tirarme al suelo de espalda y que acariciara mi abdomen.
-              - Estás loco.
-              - Sí. Quiero ver su rostro, ya ni siquiera sé si ella es real o si estoy alucinando a diario durante esas dos cuadras. No sé si es un producto de mi imaginación. ¿Será que todos los días veo a alguien distinto y yo estoy enfermo y las junto en una sola persona?
-              - Todo se solucionaría si le dijeras hola.
-             - No entiendes nada. Debe ser algo planeado, en el momento perfecto, en el instante preciso, debe ser casi casualidad, con cierto propósito. Debe ser algo espontaneo, que se dé natural, sin que me haga sonar como un pervertido.
-               - ¿Cómo puede ser planeado y espontaneo a la vez?
-               - Eres un ser muy frustrante. ¿Lo Sabes, cierto?

12 de Mayo
-         
                 - Te ves feliz hoy. ¿Dónde está tu ansiedad?
-             - Hoy salí a la hora de siempre, cerré la puerta de mi casa. Dejé algo de comida afuera para los gatos que pasan por el patio, cerré la reja de adelante y como siempre, me di la vuelta sin mirar. Choqué con ella. Caímos ambos al suelo porque giré muy rápido y me paré rápidamente para disculparme. Le tomé la mano y le ayudé a levantarse. Ella no dijo ninguna palabra mientras yo me deshacía en disculpas. Su rostro era serio, pero parecía divertida con la situación. En retrospectiva creo que nunca estuvo enojada ni molesta con la situación. Parecía más bien atenta a mis fútiles palabras, tratando de buscar un espacio para poder hablar. Pero mis nervios y mis ansias me ganaron y seguía acelerando mi discurso de disculpas, repitiendo una y otra vez cuánto lo sentía. ¡sus ojos! ¡Ahí estaban los agujeros negros supermasívos que mantienen en orden la hermosa galaxia que nace de su pelo! Sentía que me tragaban lentamente hacia su profunda negrura. Su nariz era pequeña, pero bien proporcionada con su rostro. A la izquierda un pequeño lunar que la distinguía, sólo servía para remarcar la suavidad de su piel. Sus labios eran oscuros y delgados, pero eso sólo hacía que su sonrisa se remarcara más profundamente y que cuando se asomaban sus dientes en una casi risa, hicieron que me callara de repente. Ya no se me ocurría que más decir, así que sólo le hice una pregunta más, pero ella sólo me respondió con otra pregunta.
-               - Pero, entonces ¿Qué te preguntó?
          - Una vez dejé de hablar, sólo me sonrío y me dijo. ¿Y qué tal si te disculpas invitándome a un café?

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