Estoy escuchando un nuevo disco de una de mis
bandas favoritas, no tiene sentido decir cuál es. Imagínense que es su banda
favorita y es un nuevo disco. Escuchemos… O no, no sé. Siendo honesto soy
horrible entablando conversaciones, más aún comenzándolas.
Esto no será un diario, por lo que no tiene
sentido que les de la fecha, todos la sabemos, todo el tiempo. Un diario es
algo personal y yo quiero hacer de esto algo público, porque somos seres hiperconectados
por una enorme red invisible, puedo escupir mis pensamientos más profundos
subirlos a una delicada nube y quien pase al lado de ella puede verla. El mundo
es fascinante en todos sus sentidos.
¿Ven que soy horrible? Ni siquiera les he dado
mi nombre, a veces detesto divagar, pero es quien soy. Ahora que siento estos
nuevos acordes en mis oídos, puedo rememorar los tiempos de cuando era pequeño.
Siempre escuchaba música realmente antigua, hablo de música del siglo XX, rock
clásico y progresivo, maravillas compuestas por personas que no necesitaban la
ayuda de las ya más que usadas máquinas.
Simplemente es el sonido suave de una guitarra eléctrica, eso me cautivaba
cuando era pequeño. Recuerdo que tomaba el iPad de mi papá y bajaba música sin
que el supiera, creo que todavía lo tengo por ahí, lo herede hace unos veinte
años después de que mi querido viejo se fuera.
¿Esperen, en que estaba? Cierto. Mi nombre es
Hugo Ortega, pero no sé de qué les servirá esa información, muchos dicen que es
para tener una conexión más profunda con el lector, espero que así sea, pues
quizás estos registros mantengan el recuerdo de lo que fueron mis últimos días
en la superficie de la Tierra.
Desde que nací que se me ha presentado a
nuestro planeta como un ente que muere lentamente, pero yo nunca entendí por
qué. Tenía un perro, con él iba al parque a diario y nos gustaba perseguir
pájaros hasta que volaban más alto de lo que nuestras manos podían alcanzar,
burlándose de nuestras discapacidades aeronáuticas. A mi perro también le
gustaba comer flores, unas rosadas que salían junto al Mapocho, siempre lo
retábamos para que no lo hiciera, pero nunca hizo caso.
Animales, árboles, flores, ríos. Todo lleno de
vida bajo el cielo siempre gris, manchado con un azul intenso por las tardes y
de un magenta hipnotizante durante las tarde. Mi papá decía que no había visto
un día despejado en muchos años. Lo decía con nostalgia y tristeza, pero a mí
siempre me gustó el color del cielo, era como una obra de arte móvil, con
figuras nuevas que interpretar todos los días.
También me dijo que vivíamos en un lugar
excepcional en el planeta, donde nada parecía pasar, donde el caos era un eco
lejano. Guerras, hambre, muerte. Todo parecía pasar sólo como una película en
nuestras televisiones, o en esos canales informativos de YouTube.
Me agradó este pequeño acercamiento, creo que
les seguiré escribiendo de cuando en vez, cuando viva algo interesante o cuando
tenga que contarles algo. En este tiempo es importante mantenerse positivo, el
caos se acerca y todos tememos lo peor. Hasta el mismo gobierno de la ULA lo
piensa así. Rumores de que llevan años creando una ciudad como la que se hizo
en Nueva York, están de pronto surgiendo desde la nada. ¿Es posible hacer algo
así bajo Chile?
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