jueves, 2 de marzo de 2017

Estoy escuchando un nuevo disco de una de mis bandas favoritas, no tiene sentido decir cuál es. Imagínense que es su banda favorita y es un nuevo disco. Escuchemos… O no, no sé. Siendo honesto soy horrible entablando conversaciones, más aún comenzándolas.
Esto no será un diario, por lo que no tiene sentido que les de la fecha, todos la sabemos, todo el tiempo. Un diario es algo personal y yo quiero hacer de esto algo público, porque somos seres hiperconectados por una enorme red invisible, puedo escupir mis pensamientos más profundos subirlos a una delicada nube y quien pase al lado de ella puede verla. El mundo es fascinante en todos sus sentidos.

¿Ven que soy horrible? Ni siquiera les he dado mi nombre, a veces detesto divagar, pero es quien soy. Ahora que siento estos nuevos acordes en mis oídos, puedo rememorar los tiempos de cuando era pequeño. Siempre escuchaba música realmente antigua, hablo de música del siglo XX, rock clásico y progresivo, maravillas compuestas por personas que no necesitaban la ayuda de las ya  más que usadas máquinas. Simplemente es el sonido suave de una guitarra eléctrica, eso me cautivaba cuando era pequeño. Recuerdo que tomaba el iPad de mi papá y bajaba música sin que el supiera, creo que todavía lo tengo por ahí, lo herede hace unos veinte años después de que mi querido viejo se fuera.
¿Esperen, en que estaba? Cierto. Mi nombre es Hugo Ortega, pero no sé de qué les servirá esa información, muchos dicen que es para tener una conexión más profunda con el lector, espero que así sea, pues quizás estos registros mantengan el recuerdo de lo que fueron mis últimos días en la superficie de la Tierra.

Desde que nací que se me ha presentado a nuestro planeta como un ente que muere lentamente, pero yo nunca entendí por qué. Tenía un perro, con él iba al parque a diario y nos gustaba perseguir pájaros hasta que volaban más alto de lo que nuestras manos podían alcanzar, burlándose de nuestras discapacidades aeronáuticas. A mi perro también le gustaba comer flores, unas rosadas que salían junto al Mapocho, siempre lo retábamos para que no lo hiciera, pero nunca hizo caso.

Animales, árboles, flores, ríos. Todo lleno de vida bajo el cielo siempre gris, manchado con un azul intenso por las tardes y de un magenta hipnotizante durante las tarde. Mi papá decía que no había visto un día despejado en muchos años. Lo decía con nostalgia y tristeza, pero a mí siempre me gustó el color del cielo, era como una obra de arte móvil, con figuras nuevas que interpretar todos los días.

También me dijo que vivíamos en un lugar excepcional en el planeta, donde nada parecía pasar, donde el caos era un eco lejano. Guerras, hambre, muerte. Todo parecía pasar sólo como una película en nuestras televisiones, o en esos canales informativos de YouTube.


Me agradó este pequeño acercamiento, creo que les seguiré escribiendo de cuando en vez, cuando viva algo interesante o cuando tenga que contarles algo. En este tiempo es importante mantenerse positivo, el caos se acerca y todos tememos lo peor. Hasta el mismo gobierno de la ULA lo piensa así. Rumores de que llevan años creando una ciudad como la que se hizo en Nueva York, están de pronto surgiendo desde la nada. ¿Es posible hacer algo así bajo Chile? 

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